La rehabilitación: más necesaria que nunca, más ayudas que nunca.

Los edificios suponen un 40% del gasto energético europeo y son responsables del 36% de las emisiones de gases de efecto invernadero. La Unión Europea tiene claro que en la senda hacia la descarbonización, cuya meta ha fijado en 2050, es necesario actuar sobre millones y millones de viviendas: una ola de rehabilitación está a punto de recorrer el continente.

El coronavirus, un auténtico seísmo social y económico, ha dado fuerza y velocidad a esa ola. Los nuevos Presupuestos, fondos europeos mediante, prevén una partida para la renovación y rehabilitación de edificios de 1.660 millones. Es más dinero del que hasta ahora se había dedicado en un solo año a todas las políticas de vivienda. Entre 2021 y 2023, el Gobierno pretende que las grandes reformas afecten a 500.000 viviendas, tantas como en los últimos 15 años.

Es importante llevar a cabo rehabilitaciones en profundidad, no solo sustituir calderas, sino también las envolventes de los edificios o las ventanas. El reto es una cuestión colectiva y el objetivo medioambiental de orden casi planetario, pero el primer enfoque tiene que ser el individual. “La rehabilitación solo pasa cuando la activa el ciudadano”

El grueso de las ayudas europeas, 1.550 millones, se distribuirán por tanto entre las comunidades autónomas para que sean estas las que los incluyan en sus programas.

Al otro lado, saben lo que eso vale. El País Vasco, una de las comunidades más inversoras en vivienda, contempla 8,8 millones de euros en su plan de rehabilitación eficiente de 2020. El próximo año, podrían recibir casi 70 millones procedentes de Europa. “

No obstante, Comerón, el presidente de los arquitectos, pide aplicar una “visión integral” en tres aspectos. 

– El primero es que se mejoren viviendas o bloques, pero también barrios: pasó en la calle Pirineos y se ha logrado en otros lugares como el casco viejo de Bilbao.

– El segundo, que la mejora energética no solo provenga de instalaciones eficientes, también de elementos arquitectónicos que tradicionalmente han servido para controlar la ventilación y el sol. 

– El tercero es aprovechar para mejorar la vida de las personas en otras cuestiones como la accesibilidad. 

La clave, señala, es “que cada acción pueda revertir en mejoras en varios de esos aspectos y que la ola de rehabilitación de la que habla Europa acabe siendo deseada por los usuarios”.

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Fuente: elpais.es

 

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